Desde la revisión del pronóstico y el estado de los senderos hasta el archivo de cada registro: el recorrido completo de una jornada de observación, con los criterios éticos que ordenan cada decisión.
Antes de sumarte a una salida o de usar nuestros registros conviene dejar en claro qué hacemos, qué no hacemos y con qué criterios trabajamos. Estas precisiones evitan confusiones frecuentes.
Una identificación publicada en la fototeca es el resultado de una revisión interna, no un certificado. Si tu objetivo es consumir un hongo, esa decisión queda fuera de nuestro alcance y no la respaldamos.
En áreas protegidas no levantamos ejemplares. Cuando una muestra es imprescindible para confirmar una especie, se gestiona el permiso correspondiente y se anota el punto exacto, la fecha y el sustrato.
Las coordenadas, las notas de suelo y las condiciones climáticas se cargan tal como se registraron en campo. Pueden contener imprecisiones y no reemplazan un relevamiento técnico oficial.
Si una observación exige alterar el suelo, el tronco o una colonia en desarrollo, se suspende. La conservación del sustrato está por encima de cualquier registro, incluso si eso deja una duda sin resolver.
Se aplican a las salidas guiadas, a los talleres con docentes y guardaparques y a todo material que publiquemos en la fototeca. No cubren actividades de terceros ni interpretaciones personales de nuestros datos. Ante cualquier duda sobre una determinación, el camino correcto es consultar a un micólogo antes de actuar.
El recorrido completo de una jornada de campo: desde la revisión de senderos hasta el archivo de datos que después se comparte en talleres con docentes y guardaparques.
Semana previa
Antes de confirmar cualquier salida consultamos el clima de la zona de Bariloche y el parte de los caminos. Si hay viento fuerte, lluvia sostenida o sendas cerradas, la jornada se reprograma. No salimos a improvisar sobre terreno inestable.
Día anterior
Se acotan las parcelas de observación y se reparten tareas: registro fotográfico, toma de coordenadas, notas de sustrato y lectura de condiciones climáticas. Cada persona sabe qué anotar y qué no tocar antes de entrar al bosque.
En el campo
La regla es mirar y documentar. Solo cuando hace falta una muestra para identificar, se retira con permiso explícito del área y se anota el punto exacto. El sustrato se deja como estaba: pisar una colonia puede borrar meses de crecimiento.
De regreso
Las imágenes se asocian a sus coordenadas y se suben a la base interna junto con las notas de campo. Ahí quedan el sustrato, la fecha y las condiciones del día, para poder volver sobre el registro cuando haga falta.
Revisión interna
Cuando una identificación no cierra, el caso pasa a un comité que compara notas, imágenes y bibliografía. Recién después se publica. Preferimos dejar un registro sin confirmar antes que afirmar algo sin respaldo.
Cierre del ciclo
Los registros de descomposición y suelo se llevan a los talleres periódicos con docentes y guardaparques. Así el trabajo de campo vuelve a la comunidad y la conservación del sustrato queda por encima de cualquier colecta.